TAMBORES PARA LA SANACIÓN

La palabra trance, proviene del francés, “transe”, de transir, y este a su vez del latín “transire”. Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en las distintas definiciones de esta palabra nos dice:

  • Momento crítico y decisivo por el que pasa alguien.
  • Acompañado de los adjetivos último, postrero, mortal y otras expresiones semejantes, el último estado o tiempo de la vida próximo a la muerte. Estado en que un médium manifiesta fenómenos paranormales.
  • Estado en que el alma se siente en unión mística con Dios.

De todas estas acepciones, las dos últimas son las que en estos momentos nos interesan, o cuanto menos, en su brevedad, las que más se acercan al contenido de lo que vamos a tratar a continuación: el Trance Cinético en sus distintas modalidades. Comencemos pues, describiendo el proceso mediante el cual pasa el hombre hasta convertir este método de expresión corporal en una vía dinámica, y así tomar contacto con sus emociones, y conseguir un estado idóneo para su desarrollo personal, al tiempo que va aprendiendo a dar salida a dichas impresiones y de esta forma proteger su salud mental.

El Trance Cinético aparece en las etnias más primitivas y diversas, representando para ellas la posibilidad de liberar todo tipo de tensiones emocionales, las cuales, a través del trance, son canalizadas de una forma socialmente aceptable, de acuerdo con el modelo cultural de la colectividad.

Podemos suponer, que en los primeros tiempos el trance no era cinético, sino más bien cataléptico. Catalepsia es el nombre dado en 1878 por Preyer al tipo de hipnosis animal producido por el terror. El hombre de los primeros tiempos debía quedar totalmente paralizado ante el impacto de los grandes cataclismos producidos por la Naturaleza, a la vez que grandiosos e impresionantes, muy destructivos. Ante estos fenómenos naturales, y debido a un estado de defensa biológico, y, al enorme impacto emocional que recibían, podemos pensar que quedaban en situación de inmovilización emocional. Circunstancia que pudo transformarse en un estado de Trance Cinético, para más tarde al descubrir la danza y el canto, aprender el hombre a romper el sortilegio y poder así elevar sus alabanzas hacia las fuerzas prodigiosas de la Naturaleza para que le fueran propicias.

Se comprende el porqué bajo los efectos de un desastre o de un peligro inminente, el hombre haya recurrido a las fuerzas mágicas, o que buscara en esa misma Naturaleza que le circundaba, elementos de poder que vinieran en su ayuda para transformarlo en factores de equilibrio y de compensación tanto emocional como nerviosa.

De esta forma, y a lo largo del tiempo, el hombre ha continuado perfeccionando el modo de llegar a si mismo, utilizando las distintas modalidades de trance, llegando a convertirse en una característica del ser humano, que opera bajo múltiples aspectos a través de espacio y del tiempo y durante toda la historia de la Humanidad. Y como bien dicen los científicos italianos, Saglio y Geda, en uno de sus artículos publicados en la revista italiana de hipnosis clínica y experimental titulado “El Camino del Trance del Mito a la Terapia” “La palabra trance tiene significados diversos y están asociados a elementos heterogéneos, en culturas diferentes y en épocas cronológicamente distintas. No obstante, en el trayecto histórico del Trance Cinético, al que no se ha dado ninguna o escasa importancia, sorprende inquietantemente que en todos los ritos de trance las coincidencias sean tan uniformes.”

Estos dos científicos no hacen más que constatar la fuerza de ritos coincidentes debido a la estrecha función que juegan los distintos elementos de la Naturaleza en los ritos de trance, y que, en esas manifestaciones, sean religiosas o no, la música, la danza y el canto, ocupan el espacio principal. Por este camino el hombre sale en busca de sí mismo, por la vía del ritmo profundo que surge de lo más íntimo del Ser. Cuando este Ser se convierte en danzante, entonces se hace espíritu y crea espacios inaccesibles para la conciencia ordinaria. Ritmo, danza, voces, espíritu y cuerpo se hacen uno, reflejando en ello la belleza del ser interno, transformándose a sí mismo en expresión corporal única y poderosa, plena y cargada de sugerencias creativas.

Por todo ello, ha habido místicos de todos los tiempos que han explorado estos laberintos, estos abismos, estas simas y este sol interno, que cuando resplandece, lo hace con una fuerza inusitada, imparable y llena de esperanza de un mundo mejor, desde el desarrollo de la conciencia de la propia mismidad y del mundo que nos rodea.

Y es que la vida es armonía, canto, música y danza, y también ritos y rituales. Las ceremonias y los ritmos se confunden en esa gran sinfonía que se organiza a través de nuestros cuerpos, tejiendo motivos diferentes a lo largo de ese auto sacramental que constituye nuestra vida. Nacer, morir, descubrir mediante la danza, cómo hemos nacido, de que forma vivimos y de que manera iremos hacia la muerte, o, mejor dicho, cómo caminaremos hacia la búsqueda del Ser que somos, y, para caminar hacia ese Ser en espacios solo alcanzables uniéndonos al ritmo del Universo. No hay nada que nos conduzca a descubrir ese ritmo interno cómo los sonidos vibrantes, energéticos y primitivos que encontraremos en el tambor, instrumento de percusión por excelencia que ha acompañado al hombre de todos los tiempos, en su aventura vital. Que nació con el hombre mismo, y desaparecerá cuando el hombre desaparezca.

Pero mucho antes que descubriera el tambor para inducir estados de trance, el hombre utilizó piedras, golpeándolas unas contra las otras. Descubrió después, cómo batiendo troncos de árboles con una vara iba creando sonidos diferentes. Más adelante probó con troncos huecos que percutió con huesos de animales o con bastones fabricados con las ramas gruesas de los árboles, y de esta forma, paso a paso, fue encontrando el medio para convertirse en energía, fuerza que baila, que canta, que se expresa con el cuerpo y se desinhibe, que descubre el medio para convertir sus rituales en sonido y acción, ritmos que lo transportan más allá de lo que pudiera imaginar, para así poder interpretar la magia que lo ilumina en el momento en que se transforma en la danza misma.

El ser humano encuentra de esta forma el camino que le pone en contacto con influencias misteriosas que comienza a identificar con entidades superiores. La misma música, el canto, el ritmo y todo lo que rodea a la danza es considerado como un regalo que proviene de esas mismas fuerzas sobrenaturales, convirtiendo todo el ritual en su conjunto, en algo de origen prodigioso. Es por ello por lo que en esos primeros pasos del ritual tuvo que haber un clima de gran emoción.

El hombre comienza a aplicar la danza en casi todos los actos de su vida cotidiana, encuentra la vía para comunicarse con sus sentimientos fácilmente a través del baile. El ritmo de los tambores lo transportan a visiones inalcanzables en su vida ordinaria. Danza antes de la caza, baila para pedirle a los dioses que le hagan fuerte y valeroso en la batalla, danza ante el nuevo ser que nace, baila por el desgarro que le produce el frío paso de la muerte, baila para el amor, y, con el baile, da salida a sus alegrías, frustraciones y temores. Intuye que con estas ceremonias practica cierto tipo de magia que le protege contra la inseguridad frente a lo desconocido, ante las enfermedades y el universo hostil de su entorno. Por ello, el Trance Cinético, supuso inmediatamente para aquellas sociedades incipientes, el primer instrumento sorprendente y poderoso, que tenía a su alcance. Descubrió que por medio de la magia cabría la posibilidad de actuar sobre el mundo natural, y todo gracias a la fuerza y al poder que tenía cómo ser humano. No olvidemos que ese pensamiento, que esa idea de lo mágico pervive en nuestro tiempo y existirá siempre ya que es intrínseco a la misma naturaleza humana. Por todo ello, esa interpretación del mundo natural que rodea al hombre primitivo lo salvó de caer en la impotencia frente a las manifestaciones en ocasiones agresivas, y a veces ambles de esa misma Naturaleza inexplicable para él.

No obstante, el hombre moderno no está exento de este mismo sentimiento, que aparece como una reacción lógica ante la injusticia de un mundo cada vez más mecanizado, igualmente agresivo e infinitamente más deshumanizado que pudiera estar en tiempos pasados.

Preguntémonos que aporta el trance cinético en la actualidad a la persona que practica. La dota de beneficios sorprendentes producidos por la liberación emocional intensa, recobrada durante los rituales de trance. Asimismo, constituye un medio excepcional para vencer las inhibiciones y liberar todas nuestras posibilidades.

El Trance Cinético es un vehículo extraordinario para sentirlo cuando lo ejecutamos y meditarlo cuando lo hemos finalizado. Es el método más asombroso y eficaz para comunicarnos con nuestros sentimientos y así poder enlazar con el cuerpo emocional, tan abandonado en la actualidad por la mayoría de los occidentales, cuya manía de justificar en el ámbito intelectual y científico sus emociones, es y, aunque pueda parecer muy duro, la realidad que nos rodea así me lo hace suponer, es repito, una forma de olvidar que tiene alma.

El Trance Cinético es asimismo el método de expresión no verbal más eficaz y humano, ya que se manifiesta mediante gestos, contorsiones, danzas, gritos, llantos, risas, es decir, a través de su fisionomía. De esta manera no solo potenciamos a un nivel poderoso nuestra expresión corporal, sino que además establecemos, al mismo tiempo, una comunicación íntima con el Ser interno, descubriendo y asombrándonos con los continuos hallazgos de lo que somos y de lo que podemos ser capaces de hacer, para así perder el miedo y sumergirnos en las profundidades de nuestro universo interno.

El Trance Cinético nos reintegra y descubre quienes somos verdaderamente, reestructura nuestra personalidad. Entre sus muchos beneficios está no solo el estímulo sobre nuestra creatividad, sino que posibilita la solución de muchos de nuestros problemas sicosomáticos. No en vano actúa sobre diferentes etapas de la conciencia y sin las limitaciones habituales de la conciencia ordinaria. Potencia la memoria, los conflictos se clarifican y permiten al individuo modificar sus actitudes, o evaluar nuevamente una cuestión determinada. El trance ritual es un medio benefactor del equilibrio biológico, psicológico y social.

Después de siglos de práctica, el trance cinético es ignorado en la actualidad por la mayoría de la sociedad occidental. No obstante, el trance está siendo motivo de una atención constante por parte de antropólogos, etnólogos, sociólogos, teólogos, sicólogos, terapeutas dedicados al camino del crecimiento y desarrollo emocional humano y psiquiatras partidarios de la psiquiatría transcultural. Gracias a la liberación emocional provocada por la danza espontánea, no dirigida, y con el canto y la música apropiados, para favorecer las descargas emocionales, el individuo entra en trance. El rol de la música en este proceso es fundamental, ya que es el principal factor para inducir al mismo.

El Trance Cinético nos impresiona favorablemente por su impacto dramático y sus reacciones psicológicas. Es el movimiento en sí mismo, sobre todo, por la gran liberación emocional que provoca, agudizando nuestros sentidos, y proporcionando ventajas muy superiores a los resultados de estados de trance estático. Entre estos beneficios se cuentan la liberación de nuestras posibilidades artísticas, filosóficas y literarias. Es decir, favorece la creatividad, la intuición, la estimulación, el desarrollo de la inteligencia y todo lo que tenga que ver con la sensibilidad en general. Vivir una sesión de trance es descubrir un mundo interno lleno de posibilidades, al tiempo que hacemos una regresión profunda al pasado más lejano de la Humanidad. Es bucear en la propia observación interna, en una visión increíble del mundo íntimo, donde al crear una distorsión del espacio, la percepción del tiempo transcurrido durante el trance es fantasmagórica. Para el danzante, el factor tiempo ha dejado de existir, pareciera como si con ello volviéramos a reestructurarnos internamente.

Pero ¿Cómo es posible que por medio del Trance Cinético se pueden producir estos fenómenos? Según el psiquiatra, doctor David Akstein en su ponencia sobre Trance Cinético, en el congreso celebrado en Marrakesh (Marruecos) en el año 1992. “Vivir una sesión de trance, por muy breve que ésta sea, origina un flujo de información que emana del sistema de condicionamiento en cadena y archivados en el córtex cerebral durante el transcurso de la Ontogenia, estereotipos dinámicos estratificados, que son liberado a diversos niveles cuando se produce la alteración de la conciencia, es este fenómeno lo que facilita la solución de ciertos conflictos y favorece la creatividad y el conocimiento de nosotros mismos.”

El Trance Cinético, se puede obtener por simple expectación, asociada a un ambiente familiar, un tema musical, o al oír el batir de tambores, los individuos en Trance Cinético no están necesariamente inconscientes, y puede que incluso no tengan experiencia alguna de amnesia. Durante las ceremonias religiosas los médiums entran en estados de trance muy poderosos y parece que actúan desde la inconsciencia. Y, en consecuencia, suponemos que no recuerdan lo que sucedió durante la sesión de trance. Pero, no cabe duda para ellos, que han funcionado a niveles a niveles distintos de conciencia. Y, esto es lo que nos sorprende a todos los que hemos ejecutado estas danzas. Pero para llegar a estas sensaciones, hemos de estar dispuestos desde el momento en que nos decidimos a participar activamente en estas danzas, a dejar de lado ciertas inhibiciones, de las que a un occidental no habituado a la libertad de expresión corporal y a liberar actitudes represivas impuestas por la sociedad, le es sumamente difícil desprenderse. Pero una vez conseguida la participación, ha de comenzar a aprender a observar desde dentro en el mismo instante en que se sumerge en ese mundo nuevo, extraño y a la vez extraordinario, que se le presenta. Descubren nuevos conocimientos corporales sobre sí mismos, y, de ninguna manera ha de intentar intelectualizar, sino que debe trasladar al cuerpo emocional la percepción de que participa realmente en el movimiento de la danza y de que se siente vivo. Más si no lo hace de esta forma, será sin duda alguna, víctima de un prejuicio derivado de su propia cultura, en la que la liberación espontánea tanto corporal y emocional, significa la pérdida de control. Por lo tanto hemos de estar atentos al abandono y a permitirnos danzar para integrarnos en el goce que produce la liberación plena del cuerpo, ya que la libertad de expresión corporal obtenida a través de una sesión de Trance Cinético nos permite descubrir como desaparecen las propias inhibiciones corporales, como consecuencia de las experiencias liberadoras y de la búsqueda de las propias sensaciones internas y desde distintas perspectivas, como si nos viéramos reflejados en un espejo que nos mostrara nuestra propia imagen liberada de todo prejuicio social.

El Trance Cinético como elemento liberador, actúa sobre nuestros centros energéticos, elevando el nivel de estos, sintiéndonos más fuertes, desintoxicados, poderosos y con mucha más información sobre nosotros mismos. Actúa en nuestro entendimiento como la prueba fehaciente del comportamiento que debería ser espontáneo en la vida cotidiana, animándonos a vencer las inhibiciones, ataduras, condicionamientos y prejuicios que nos impiden movernos ante los demás como nosotros desearíamos hacerlo, y, no como el resto de la sociedad cree que deberíamos comportarnos cuando con ello pretende cercenar nuestros impulsos de cambio y nuestra fuerza liberadora y creativa para experimentar un universo interno nuevo, rico en experiencias renovadoras y lleno de actitudes positivas que nos llevarían a la solución de muchos de nuestros problemas personales.

No os asombréis si os digo que el trance es una necesidad biológica, ya que, forzosamente hemos de sacar de alguna forma toda nuestra rabia, nuestra frustración, nuestros miedos y penas, todas nuestras desdichas, sentimientos que no sabemos como hacerlos desaparecer, como librarnos de ellos. Pero, debemos ser conscientes de que los tenemos que son cargas emocionales que, llegados a cierto punto, nos prohibimos tomar contacto con nuestro dolor, trasladándolo y justificándolo en nuestra mente. De esta forma nos creamos mucha confusión, al no saber explicar que es lo que realmente nos está pasando.

El trance, y no importa cuál sea su forma, a través de todos los tiempos y en el mundo entero ha ayudado al hombre a liberarse de las presiones sociales, religiosas, ideológicas y económicas. A encontrar de nuevo su equilibrio en caso de desastres tanto individuales como colectivos, a manifestar la necesidad de luchar contra las leyes injustas creadas en las sociedades tanto pasadas como actuales. La práctica activa del trance nos hace diferentes desde el punto de vista propio y social, dándonos la oportunidad de ser más capaces para afrontar ciertos puntos de vista que tienen que ver con la conciencia y la libertad individual.

Veamos cómo en la cultura de cada pueblo, los rituales de Trance Cinético tienen características diferentes y pueden clasificarse en Trance Cinético con posesión y Trance Cinético sin posesión. En el primero, podemos señalar, los tipos afrocaribeños, como son el vudú en Haití y ciertos tipos de rituales africanos en Cuba como la Santería. Los ejemplos afrobrasileños, como son la Umbandá, Candomblé, Xangó, Catimbó, Batuqué, etc. El tipo de trance del Cono Sur de América de habla hispana como el Candomblé uruguayo. Todas estas religiones fueron importadas por los esclavos negros que llegaron al Continente Americano desde el África negra, creando sincretismos con la religión católica y, haciendo de todo ello un elemento común en los ritos de trance. Asimismo, encontramos esta modalidad de trance con posesión, practicando durante siglos y sin apenas cambios, en el culto Hausa del Espíritu Bori, no solo en Nigeria, su cuna, sino en todo el África Negra, donde el animismo es mayoritario. En general todas las culturas de trance ritual son posesión tienen un elemento en común que es el canto, invocando a las diferentes entidades divinas para que posean a los médiums que danzan. Esto se origina mediante los distintos ritmos del tambor, que mezclados con los cantos propician en determinado momento la incorporación a uno de los participantes del espíritu invocado. A este médium se le llama “caballo”. El adepto obtiene mediante esta posesión un gran alivio de sus males, logrando un mayor equilibrio, tanto psíquico como físico, al tiempo que consigue consejo sobre sus diversos problemas. Estos espíritus benefactores encarnados en los médiums tienen gran influencia en toda la comunidad, pues de ellos depende en grado sumo tanto la salud física como mental de los miembros del grupo. Los médiums a través de esta práctica se sienten a sí mismos muy honrados y liberados, ligeros, fuera del mundo vulgar y sin perspectivas futuras, transportados por el éxtasis hasta los estados más altos, regiones solo alcanzables mediante los sueños místicos y la magia inducida por el trance.

En el momento de la posesión, el médium honrado con la misma representa a una entidad poderosísima, luminosa y sabia, que le permite influir sobre el bien y el mal, y que le consuela de una vida llena de frustraciones, dotándolo de un vivo placer al poder dar consejos y aportar su sabiduría, y, sobretodo, conseguir una situación privilegiada dentro de su comunidad.

Los rituales de Trance Cinético sin posesión lo practican ciertos pueblos y en grupos místicos y religiosos de difícil acceso. Podemos encontrar pueblos animistas que lo practican en África Oriental como los Masay en Kenia, pastores que, a través de sus ritmos y danzas, ruegan para propiciar una buena cosecha o la protección de sus rebaños, o, cuando en circunstancias emocionales diversas, y debido a ciertas amenazas, simplemente bailan para para dar salida a sus emociones como método de salud mental colectiva. hTambién emplean la danza como método de iniciación para la caza, o como reto a los miembros de otra tribu para demostrar sus capacidades en los movimientos, saltos y resistencia. Los Nubas de Sudán, como danzas de iniciación durante la pubertad.

Llegados a este punto, no puedo dejar de resaltar la fuerza, el valor y la decisión colectiva de un grupo mayoritario de esclavos africanos que fueron trasladados al sur de lo que hoy en día son los Estados Unidos de América y que procedentes de múltiples naciones africanas, desde Zanzíbar hasta Gambia, desde Senegal hasta todo el arco geográfico del Golfo de Guinea, consiguieron, andando el tiempo, convertirse en un solo cuerpo, en una única nación, la Nación Africana en América, que representa la vida, la fuerza del valor, la resiliencia, la dignidad,  y la decisión. Toda esta multiplicidad étnica y racial, que comprendía ámbitos culturales y sistemas de creencias diferentes, que, aunque coincidentes en sus prácticas animistas, fueron despojados de sus ritos y rituales por sus amos blancos, que no les permitieron construir ni un solo instrumento de percusión de su infinita variedad de utensilios musicales. Fueron maltratados y torturados de forma descarnada e inmisericorde, explotados hasta la extenuación y castigados hasta la muerte si se les sorprendía en sus prácticas espirituales “paganas” según los criterios de sus amos blancos. Pero todos esos hombres y mujeres arrancados de sus familias y de sus naciones y tratados como animales, consiguieron en un momento dado y de forma espontánea, el mayor logro del espíritu colectivo en una experiencia de trance sin precedentes, que sin a penas darse cuenta unió a todos ellos a través de sus voces, de la percusión de sus manos batiéndolas unas contra las otras para de esa manera sustituir a sus amados tambores, claves, marimbas, sonajas etc. Y, de esta manera, lograron conjurar su miedo y su dolor, su rabia y su nostalgia, elevando hacia el firmamento infinito, voces africanas inigualables dotadas de millares de tonos extraordinarios y matices sin igual, que cantaron en los campos de algodón, cantaron acompañados por los sonidos de sus fraguas, cantaron a cada momento en los múltiples oficios que tenían que desempeñar, y,  cuando se les permitía descansar cantaban y pedían a Dios que les diera fuerza para seguir viviendo, esos eran los estados alterados de conciencia alcanzados por aquellos seres humanos que hacían que tuvieran experiencias de trance en el infinito de sus posibilidades. Hoy en día solo hay que escuchar la perfección del canto de las voces afroamericanas en todos los ámbitos de la vida de los Estados Unidos de América, y, que, en las reuniones multitudinarias de sus iglesias, siguen elevando sus cantos al firmamento, al tiempo que siguen percutiendo con sus manos, ya que han olvidado que existe una leyenda africana que dice, que no conseguirán su verdadera manumisión, hasta que sean capaces de construir un tambor africano con el que sean capaces de ejecutar los sonidos inigualables de independencia, que una vez aprendieron en sus lejanas tierras africanas, y,  que yacen latentes en sus corazones, en cada uno de los mismos lugares en el que se les arrebató su amada libertad.

Y, siguiendo con nuestra exposición, vemos como en Asia, nos encontramos con un grupo de trance apenas conocido, el “Tensho Kotay Kyo” de Japón, también conocido por el nombre de “Religión de la Danza.” Este grupo nace de manos de Oduru Shukyo, nacida en 1900. En 1945, nada más acabar la Segunda Guerra mundial, comienza a proclamar que ha sido poseída por la diosa del sintoísmo Thensho Kotay Jiago. Y, a partir de entonces practican una danza de trance sin posesión, llamada “Muga No Odori” la danza del no ego, que confiere a todos los que practican este baile la posibilidad de liberación de todos los malos espíritus y la consecución de un estado de calma sin igual. Con este baile creen que también se consigue liberar al mundo de todos los espíritus malignos que lo pueblan, y, se trae así el Reino de Dios a la Tierra. Se supone que en Japón tienen más de dos millones de practicantes.

Ahora, vayamos a la forma de trance sin posesión, característica de uno de lo movimientos sufíes más importantes de Turquía: La Escuela Maulevi de los Derviches Giradores. La palabra Derviche procede de la palabra persa “darwich,” literalmente: umbral de una puerta. También significa indigente, necesitado, menesteroso. En árabe y en turco se denomina “darwish” y proviene de la costumbre de algunos sufíes que se apostaban a las puertas de las mezquitas para dar consejo a los creyentes musulmanes a cambio de algún donativo. La orden Maulevi fue fundada por el maestro sufí Maulana Jalal-lu Din al Rumi, Rumi es el apodo que se le dio a este santo que significa, “extranjero”. Maulana nació el día 30 de septiembre del año 1207 y murió el 17 de diciembre de 1273. Su tumba se venera en la ciudad turca de Konya, lugar transformado en museo actualmente.

Los derviches giróvagos de la escuela Maulevi, ejecutan el “Sema” en unos locales llamados “Tekke”. La ceremonia principal tiene lugar el 17 de diciembre de cada año, día para la unión y en memoria de su fundador. En la actualidad estos ritos se practican en escuelas sufíes herméticas de ciertos países de Oriente Medio y África del Norte. La escuela Maulevi, estuvo prohibida en Turquía en muchas ocasiones, la última de ellas tuvo lugar en 1925 bajo la dictadura de Kemal Ataturk.

La ceremonia comienza colocando a los derviches en círculo, vestidos con una capa negra de fieltro o de lana. Se sitúan ante la comunidad y frente a ellos se sienta un maestro, Hafiz, que recita versículos del sagrado Corán y entona el Naat – I – Sherif, el himno sagrado que permitirá dar comienzo a la danza de la Sema. Este baile está considerado como un placer cósmico y de glorificación. Los derviches inician la danza extendiendo los brazos partiendo del corazón, y comienzan a girar acompañados de la música que toca una pequeña orquesta compuesta de tres flautas llamadas neys, un violín y un doble tambor, el kudum, que es el que marca el ritmo de la música maulevi. Sus giros son de una belleza sin par, pareciera que cuando comienzan a girar no tocan el suelo con los pies, esto lo consiguen apoyándose sobre el pie izquierdo a la vez que se impulsan con el derecho.  Los derviches se trasladan de esta forma hacia el éxtasis, y se puede decir que lo consiguen cuando sus pies realmente no tocan el suelo. Al tiempo que giran sobre si mismos, van pronunciando las palabras sagradas. “La Illaha Illallah,” no hay más Dios que Alá. Esta frase la van pronunciando sin que apenas se deje oír. Durante la danza, el Shaykh representa al Sol y los derviches a los planetas. Al girar, la palma de la mano derecha se presenta hacia arriba y al aire y simboliza la absorción de la iluminación espiritual. La palma de la mano izquierda se vuelve hacia la tierra para distribuir los dones que el derviche recibe en su estado de elevación espiritual. Por lo tanto, estos giros permiten la fusión del derviche con el orden cósmico.

Pero no solamente las danzas giratorias de trance son patrimonio de los derviches de la escuela Maulana Rumi, podemos encontrar este mismo tipo de danza giróvaga, en la secta armenia de Molokani. En Egipto ciertos grupos de gitanos, hacen esos mismos giros con pesadas faldas multicolores o vestidos enteramente de blanco, danzan al ritmo que marcan las darbukas y crótalos que llevan prendidos entre los dedos pulgar y medio de sus manos.

Y así llegamos a uno de los grupos de Trance Cinético sin posesión más extraordinarios de África del Norte: Los Ganwas, también llamados “Los Hijos de la Noche” ya que sus ceremonias sanadoras espirituales, transcurre a lo largo de tres a cinco días, comenzando al atardecer y alargándose hasta despuntar el alba. A lo largo de sus ceremonias queman diferentes tipos de inciensos para conseguir la protección y la limpieza del aura de todos los danzantes. Asimismo, utilizan túnicas de distintos colores para investir a los participantes con la energía del espíritu con el que se está trabajando y de esta forma resguardar a los participantes en las ceremonias de trance de los “Muluk” os espíritus malignos que pueblan la oscuridad. Se acude a los Gnawas para propiciar ceremonias sanadoras de Trance Cinético, para dar salida a sus estados emocionales más nocivos, consiguiendo de esta forma una tranquilidad de espíritu y una predisposición para la creatividad, muy positiva.

Los Gnawas, son también, dentro de los grupos sufíes, los únicos dadores de la Baraka, el don de la gracia que confiere al ser humano que la recibe la facultad de estar protegido de todos los males que en esos momentos les pueda acontecer, y, les colma de bienes espirituales y materiales. Para propiciar una ceremonia de Trance Cinético con los Gnawas, o, mejor dicho, una Derdeba, ceremonia ritual sanadora que como ya hemos dicho se prolonga a lo largo de tres o cinco días, depende el motivo por la que se la convoque, sin una causa terapéutica, no se puede convocar una Derdeba, normalmente, pedir por la recuperación tanto física cómo psíquica o espiritual de una persona determinada, también como medio de que con sus danzas puedan mitigar, dando salida a la rabia, la frustración y la agresividad acumulada de una comunidad que solicite uno de estos rituales a los sufíes Gnawas.

Pero ¿qué rastros quedan en Europa de las ceremonias de trance? Pasando por la época griega y sus ritos orgiásticos del culto a Dionisios, hasta las danzas epidémicas que se originaron en el siglo XII durante la época de la peste, durante ese periodo de tiempo en el viejo continente, se desarrolló una cultura de trance. A la epidemia danzante que se originó en Alemania y en Francia, más tarde extendida a Holanda y Bélgica, se la denominó “Epidemia de San Vito” o de San Juan Bautista, porque era ante las imágenes de estos santos donde las gentes danzaban buscando la sanación de sus males. Las mujeres eran las encargadas de llamar a la gente para que danzara, dando saltos y bailando incluso en el altar mayor de los templos; de este tiempo perdura un recuerdo en la figura de los Seises que todos los jueves en la celebración del Corpus Christi, ocupan un lugar en el altar mayor de la catedral de Sevilla. Estos bailes de trance eran frenéticos, las personas que participaban en los mismos solían reunirse frente a las puertas de las catedrales y las iglesias, se agarraban de las manos, y, durante largas horas, saltaban, gritaban y se convulsionaban hasta alcanzar cierto tipo de bienestar durante estas danzas de Trance Cinético. Hoy solo pervive la tarantela como residuo de estas danzas en el sur de Italia, baile que se organizaba para sanar la picadura de la tarántula cuando atacaba a algún campesino, el movimiento que se conseguía mediante la danza propiciada por las mandolinas y algún tambor ocasional hacía que la persona que danzaba bajo los efectos de la picadura se empapara en sudor, y, con el sudor se expelía del cuerpo el veneno infectado por la araña.

En conclusión, el Trance Cinético es un instrumento de sanación tanto corporal, emocional y espiritual, que actúa sobre los planos astrales, dota al ser humano de una belleza infinita adquirida mediante la desinhibición total del Ser, logrando con la danza, fundirse en la grandeza del Cosmos, haciendo de ello un acto místico y mágico, que no es ni más ni menos, que la réplica ampliada de si mismo.

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